Hablemos del amor como la droga más poderosa… y más peligrosa
- Psic. Cl. Arturo Moreno

- 18 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Introducción: ¿y si el amor también fuera una adicción?

Cuando pensamos en drogas, imaginamos sustancias: alcohol, cocaína, heroína. Pero rara vez pensamos en el amor como algo que pueda volverse adictivo. Sin embargo, muchas personas han dicho frases como:
“No puedo vivir sin él”,
“Aunque me lastime, lo necesito”,
“Prefiero estar así a estar solo”.
Si cambiáramos la palabra “él” o “ella” por una sustancia, esas frases sonarían alarmantes. Y aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria:
¿y si el amor, cuando se vive desde la dependencia, funciona como una droga?
Este artículo no busca desacreditar el amor, sino entender por qué puede convertirse en una de las experiencias más intensas, adictivas y, a veces, destructivas del ser humano.
El amor en el cerebro: no es solo poesía

Desde la neurociencia sabemos que enamorarse activa circuitos muy similares a los de las adicciones. Cuando estamos en las primeras etapas del amor, el cerebro libera dopamina, oxitocina, serotonina y noradrenalina.
La dopamina, especialmente, está relacionada con el sistema de recompensa: es la misma que se activa con el consumo de drogas. Por eso el amor se siente eufórico, intenso, casi embriagador.
No es casualidad que el enamoramiento se parezca tanto a una “subida”:
Pensamiento constante en la persona
Idealización
Necesidad de contacto
Sensación de plenitud
El problema aparece cuando el vínculo deja de ser elección y empieza a convertirse en necesidad neuroemocional.
Cuando el amor deja de ser vínculo y se vuelve sustancia
En una relación sana, el otro es importante, pero no indispensable para existir.
En una relación adictiva, el otro se convierte en la fuente principal de regulación emocional.
La persona ya no calma su ansiedad, su vacío o su dolor por sí misma: lo hace a través del vínculo. El amor deja de ser encuentro y se convierte en anestesia.
Aquí es donde el amor empieza a parecerse peligrosamente a una droga:
Calma momentánea
Alivio inmediato
Dependencia progresiva
Síndrome de abstinencia cuando falta
La abstinencia amorosa: cuando el otro se va

Quien ha vivido una relación de dependencia lo sabe: una ruptura no se siente solo como tristeza, sino como síntomas físicos y emocionales intensos:
Ansiedad extrema
Insomnio
Dolor en el pecho
Pensamientos obsesivos
Sensación de vacío o despersonalización
No es exageración. Es el sistema nervioso reaccionando a la pérdida de su “droga reguladora”.
Por eso muchas personas regresan a relaciones dañinas: no porque no sepan que les hace mal, sino porque el cuerpo y la mente entran en abstinencia.
Codependencia: amar para no sentir

La codependencia aparece cuando una persona necesita ser necesitada. Ama desde el sacrificio, el rescate, el “yo me quedo aunque duela”.
En la codependencia:
El amor se confunde con aguantar
El sufrimiento se romantiza
El abandono propio se normaliza
La persona codependiente no ama al otro como es, sino como necesita que sea para no derrumbarse emocionalmente.
Aquí el amor no es droga solo por la química, sino por la función que cumple: evitar el contacto con el propio vacío.
¿Por qué el amor puede volverse tan peligroso?
Porque el amor toca heridas profundas. No solo activa placer, también activa:
Heridas de abandono
Miedos infantiles
Necesidad de validación
Trauma relacional
Cuando alguien ama desde una herida no sanada, el vínculo se vuelve una forma de supervivencia emocional. No se ama para compartir, se ama para no colapsar.
Y entonces aparecen frases como:
“Sin ti no soy nada”
“Nadie me va a querer como tú”
“Prefiero perderme a perderte”
Eso ya no es amor. Es adicción afectiva.
Reflexión socrática: ¿amarías igual si no tuvieras miedo?
Aquí vale la pena detenerse y preguntarse:
¿Qué parte de esta relación es amor… y qué parte es miedo?
¿Qué pasaría si no tuvieras terror a la soledad?
¿Seguirías eligiendo a esta persona si no necesitases que te calme?
Estas preguntas no buscan juzgar, sino desenmascarar.
Amor sano vs amor adictivo

El amor sano:
Suma identidad
Permite autonomía
Tolera la distancia
No exige sacrificio del yo
El amor adictivo:
Vacía identidad
Genera ansiedad
No tolera la separación
Exige renuncia personal
Uno expande. El otro consume.
¿Se puede “desintoxicar” del amor?

Sí. Pero no dejando de amar, sino aprendiendo a amar sin usar al otro como droga.
La recuperación no empieza con “olvidar al otro”, sino con:
Aprender a regular emociones propias
Sanar heridas de apego
Reconstruir identidad
Tolerar la soledad sin colapsar
La terapia psicológica juega un papel clave aquí. Especialmente enfoques que trabajan apego, trauma y regulación emocional (Terapia de esquemas, DBT, EMDR, TCC).
Un mensaje esperanzador
El amor no es el problema.
El problema es usar el amor como anestesia del dolor no resuelto.
Cuando una persona sana sus heridas, el amor deja de ser droga y se convierte en encuentro. Ya no se necesita para sobrevivir, se elige para compartir.
Y ahí, por primera vez, el amor deja de ser peligroso.
Reflexión final
Tal vez la pregunta no sea “¿a quién amo?”, sino:
“¿Desde dónde amo?”
Porque amar desde el vacío esclaviza.
Amar desde la plenitud libera.
✍️ Re-Cursos Psicológicos
Sanar. Crecer. Renacer.
Referencias
Fisher, H. (2004). Why we love. Henry Holt.
Siegel, D. (2012). The developing mind. Guilford Press.
Young, J. E., et al. (2013). Terapia de esquemas. Desclée de Brouwer.
Bowlby, J. (1988). A secure base. Routledge.
Gabor Maté (2018). In the realm of hungry ghosts. North Atlantic Books.



Comentarios